
Una mañana en el bosque (Zona de los Cameros).
En el monte, después de la entrada a través del cortafuegos y casi a oscuras,
en un lateral del camino, dejamos los todoterreno aparcados.
Llegado el orto y con la luz primera, se atisbaban las hojas llenas de rocío
que, en la semipenumbra, aparecían como duendes que despedían luz.
Un manto verde con grandes capas de musgo cubría hasta donde llegaba la vista
En el monte, después de la entrada a través del cortafuegos y casi a oscuras,
en un lateral del camino, dejamos los todoterreno aparcados.
Llegado el orto y con la luz primera, se atisbaban las hojas llenas de rocío
que, en la semipenumbra, aparecían como duendes que despedían luz.
Un manto verde con grandes capas de musgo cubría hasta donde llegaba la vista
que entre los árboles, pinos, abetos, encinas, en su mayoría y la jara
no permitían que fuera mucha la distancia alcanzada.
Una belleza salvaje se ofrecía a nuestros ojos.
Tímidas criaturas corrían a esconderse o por el contrario se mostraban
revoloteando en busca de su sustento, escarbando entre las hojas caídas.
La ladera de la montaña se empeñaba a veces en lanzarnos cuesta abajo,
por lo empinada, pero el empeño era tal que podía hacerte perseverar
y ganar el desafío.
Los sonidos, ora roncos, ora lastimeros de los ciervos se oían por doquier
e invitaban a levantar las vista tratando de verlos en la fronda del bosque.
Pero íbamos a lo que íbamos, a recoger frutos tras las lluvias caídas.
Las preciadas setas se encontraban semiescondidas entre el follaje
siendo necesario apartarlo con la varita para dejarlas a la vista.
Níscalos, boletus, amanitas, rúsulas, tricholoma ecuestre, ……algunos bocados terrosos que tras una elaboración en cocina, se tornan verdaderas exquisiteces
no permitían que fuera mucha la distancia alcanzada.
Una belleza salvaje se ofrecía a nuestros ojos.
Tímidas criaturas corrían a esconderse o por el contrario se mostraban
revoloteando en busca de su sustento, escarbando entre las hojas caídas.
La ladera de la montaña se empeñaba a veces en lanzarnos cuesta abajo,
por lo empinada, pero el empeño era tal que podía hacerte perseverar
y ganar el desafío.
Los sonidos, ora roncos, ora lastimeros de los ciervos se oían por doquier
e invitaban a levantar las vista tratando de verlos en la fronda del bosque.
Pero íbamos a lo que íbamos, a recoger frutos tras las lluvias caídas.
Las preciadas setas se encontraban semiescondidas entre el follaje
siendo necesario apartarlo con la varita para dejarlas a la vista.
Níscalos, boletus, amanitas, rúsulas, tricholoma ecuestre, ……algunos bocados terrosos que tras una elaboración en cocina, se tornan verdaderas exquisiteces
¡ dignas del más glotón de los mortales !
Nuestros útiles de campo: la navaja y la cesta, ávida de tragar cuantos
Nuestros útiles de campo: la navaja y la cesta, ávida de tragar cuantos
especímenes fuera posible, esperaba su primeros inquilinos.
Al internarnos en la espesura el primer regalo: unos pie azul que inauguraban
el mimbre, a ellos seguirían unas amanita cesárea, y unos níscalos unas macrolepiota procera, . . . . . .
y así hasta unos centenares de ejemplares que acabarían en la cocina y luego en la mesa de nuestras casas . . . .
La mañana transcurrió entretenida sobre todo al contar con un compañero de búsquedas (docto él en la materia) que nos amenizaba con clases teórico-prácticas sobre micología que nos ponían al día y aumentaba nuestro escueto bagage micológico.
Tras un almuerzo campestre (no muy frugal ….) emprendimos la retirada, eso sí, de paso, unos marañones silvestres se vinieron con nosotros ….
Tx 2006
Al internarnos en la espesura el primer regalo: unos pie azul que inauguraban
el mimbre, a ellos seguirían unas amanita cesárea, y unos níscalos unas macrolepiota procera, . . . . . .
y así hasta unos centenares de ejemplares que acabarían en la cocina y luego en la mesa de nuestras casas . . . .
La mañana transcurrió entretenida sobre todo al contar con un compañero de búsquedas (docto él en la materia) que nos amenizaba con clases teórico-prácticas sobre micología que nos ponían al día y aumentaba nuestro escueto bagage micológico.
Tras un almuerzo campestre (no muy frugal ….) emprendimos la retirada, eso sí, de paso, unos marañones silvestres se vinieron con nosotros ….
Tx 2006

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